Durante muchos años en la historia de la educación dominicana se ha sentido un vacío que ha venido afectando a las más variadas formas de existencia humana; puesto que si falla la educación, falla también el progreso y el bienestar del país.En ese sentido, parece ser que hay profesores que no entienden que en ellos se apoya gran parte del desarrollo de nuestro país, pero menos aún entienden, que la educación dominicana ya no es aquella vieja antorcha donde el educador era el sabelotodo del aula y el estudiante aquel tímido esclavito que todo lo aceptaba.Y es que algunos profesores con su gran severidad y sus muy obsoletos métodos educativos (si acaso se le puede llamar método educativo a eso), unidos a las arcaicas letras muertas que dictan se convierten en los principales causantes del atraso intelectual de los estudiantes.Cabe decir que el llamado memorismo o embotellamiento no es adecuado para el desarrollo del intelecto de los estudiantes; pues al estudiante moderno hay que enseñarlo a razonar, a parafrasear, a tener sentido critico.Hay que enseñarlo a desnudar el contenido de un texto utilizando el estilo que prefiera, pudiendo incluso expresarse de setenta mil modos diferentes, siempre y cuando no se aparte de lo que en el fondo nos quiere dejar dicho el texto leído.
Cada cabeza es un mundo y por ende, cada quien tiene sus propias metas, sus puntos de vista diferentes y su forma de decir las cosas.Profesores hay, que exigen que el estudiante se aprenda la clase exactamente en su forma y su fondo, como para hacerle la vida imposible.Y no es que sea difícil estudiar de ese modo (aunque a veces pueda que si lo sea), sino que el mismo obstaculiza el progreso del intelecto de los estudiantes. De manera que eso de estar aprendiéndose la clase de forma y de fondo es algo que sólo desanima y nada resuelve, por lo que debe ser descartado de toda institución educativa y de toda cátedra que se respete.La paráfrasis es no sólo más fácil y agradable que el llamado memorismo, sino también mucho más fructífera; pues salta a la vista la superioridad intelectual de los estudiantes parafraseadores, sobre los que acuden al "embotellamiento".A los estudiantes se les deben poner temas a investigar para luego comentarlos en aula con palabras personales. Esto unido a las siempre útiles exposiciones orales contribuye a que el estudiante vaya superando poco a poco el miedo escénico y pueda, al mismo tiempo, adquirir mayor soltura y brillantez al hablar ante el público. Un estudiante es alguien que se prepara para una profesión y ya se sabe que todo profesional moderno, tarde o temprano y de alguna manera u otra, se verá envuelto en situaciones sociales que precisan de una gran desenvoltura y de gran dominio de la oratoria.Para que la clase sea bien amena se requiere que los educadores inserten en ella algunos chistes o breves y pintorescas anécdotas donde la clase cobre más colorido y dinamismo, todo lo cual permite que el estudiante se anime más y se refresque más la memoria.
Un educador siempre debe tener buen sentido del humor.En otro orden, se debe admitir que los jóvenes de hoy día pertenecemos a una generación donde los modos de vida, las costumbres son ya diferentes a las de las pasadas generaciones. El adulto vivió una juventud que se echó ya al basurero, y lo que ahí se echa es porque ya contamina. El joven de hoy es más inquieto, más social que el de antes. Es pasajero en casi todo, es como su todo le interesara y nada le interesara.
Hay que estar preparado para guiarlo y entenderlo, sino se le entiende no se le puede buscar una solución. Cada quien es amo y señor de lo que desea ser. Ahora bien, el educador puede orientarlo, enseñarlo a discernir entre el bien y el mal, para que advierta que le conviene y qué no, y pueda entonces, por sí solo, darse cuenta de cuál es el camino más idóneo para llegar adonde desea llegar.No son pocos los profesores que han frustrado a estudiantes con vocación de estudio sólo por el simple hecho de haberles prohibido su estilo de vestir y actuar. Además, el espeluznante abuso de autoridad de algunos profesores es, no pocas veces, el artífice de la gran pusilanimidad que se apodera de algunos estudiantes. Esos profesores casi siempre están frustrados, van a las aulas con el ceño terriblemente fruncido, con la voz violenta y unos ojos endiablados, y pagan el fracaso con el estudiante como si este fuese su peor enemigo; por tal razón hay que estar ciego o loco o ser bien tarado para uno no percibir que en la educación dominicana todavía existen profesores que tienen más de animales que de educadores.Pero no hay que ser tan detractor, ni tan pesimista, pues si hay malos es porque también hay buenos, inclusive yo mismo he tenido y sigo teniendo educadores excelentísimos. Por el solo hecho de un educador jugar el rol de mayor preponderancia en el desarrollo de un país se debe entender que éste debe prepararse cada vez más, aunque hay que reconocer que lo que gana un educador en nuestro país es bien mísero para alguien que ha pasado mucho sacrificio para llegar ahí, donde quizás todo lo que consiguió en su juventud lo gastó en sus estudios, y que ahora gane igual que un empleado de zona franca (por no decir menos) es algo bien penoso.
Es, en verdad, poco para un profesional que sea padre de familia en un país como este donde todo esta por las nubes y donde se paga impuesto hasta por respirar. Lo que es motivo más que suficiente para que algunos educadores se frustren y, muchas veces, no se interesen en prepararse mejor. Algunos ni siquiera leen y no puede haber educación sin lectura. Por eso cualquiera que dando clase dure años, incluso semanas, sin haber leído un libro, podrá ser un licenciado en educación, podrá ser alguien con un pedazo de papel encuadrado en su casa, podrá ser cualquier cosa pero jamás un educador. Un educador es alguien que lee y se prepara cada día más. La falta de lectura no le luce ya ni a un mal estudiante. Además, un profesor que no conozca, qué puede enseñar. Se enseña lo que se conoce de ahí la importancia de que lo que se conozca sea positivo y fructífero.
Un viejo refrán dice: "De tal maestro, tal Alumno", de modo que si el profesor es de escaso conocimiento es casi seguro que los alumnos que darán en su mayoría deformados.No importa que alguien graduado de ingeniería, o de arquitectura, de derecho o de cualquier otra carrera se dedique a impartir la cátedra de una de las materias del pensum de la carrera de que es graduado; pues para ser educador no se requiere haber estudiado la carrera de educación, sino tener vocación y querer enseñar para que progrese la persona a través de la educación.Pero es bueno saber que un educador no es cualquier cosa. Un educador es alguien que siempre va con una sonrisa al curso y siempre actúa con decencia y moderación sin importar lo que le está pasando ni lo que de él se diga. Es alguien que entiende que pasó por esa etapa de estudiante. El educador es alguien que reconoce que es un ser humano y que como tal puede equivocarse en el aula. Es alguien cortés y ejemplar en el trato, puesto que la severidad es una norma, pero también, muchas veces, una deformadora. El educador es alguien que se entrega en cuerpo y alma a la educación. Es alguien que guía, que forma, que aclara y enseña sin imponer sus ideas.La educación no se aprende con déspotas. Sin que esto signifique que el educador deba tolerar todas las diabluras de los inquietos estudiantes. Pero para esto último se requiere que el educador tenga habilidad de persuasión para docilizarlo sin recurrir a medios violentos ni conflictivos. El educador es un predicador de la paz y quien predica la paz no recurre a la violencia.Estas son las razones por las cuales no todo el mundo da para educador.Cumplir todas las características de un buen educador es algo difícil, pero posible.En fin, un educador es como un agricultor, tiene en sus manos una semilla que sembrar. De él dependerá que la misma sea fructífera y se desarrolle en buenas condiciones.
De ciudad. Jose Agustin Grullon
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